Abū Hāšim ar-Rummānī transmitió que Zaḏān narró:

Antes, cuando era joven, tenía una bonita voz y tocaba bien el tambor. Un día estaba con unos amigos, teníamos una jarra de vino, y yo les cantaba y tocaba el tambor, en ese momento ʿAbdullāh ibn Masʿūd pasó, vino, golpeó la jarra, la vertió, rompió el tambor y dijo:

«Oh joven, si tu voz sirviera al Corán, tú serías esto y esto [de bueno]».

Luego se marchó, entonces pregunté a mis amigos: «¿Quién era?».

Ellos me respondieron: «Ibn Masʿūd».

Ahí tuve unas fuertes ganas de arrepentirme, me puse a correr llorando, lo alcancé [a Ibn Mas‘ūd] y lo tomé de su vestimenta. Él se giró hacia mí, me tomó en sus brazos, lloró y dijo:

«Bienvenido sea aquel al que Allāh ha amado. Siéntate».

Luego metió su mano en su bolsillo, sacó un dátil y me lo dio.


Fuente: As-Siyār, 4/281
Traducido por: Ibrāhīm Bou