La historia de quienes se quedaron encerrados en la cueva

Bismillaahi ar-Rahmaani ar-Rahim

Los imames Bukhārī y Muslim informaron que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allāh sean con él) dijo:

«Tres personas de un pueblo anterior a vosotros, se encontraban de viaje cuando fueron alcanzados por una tormenta, por lo que se refugiaron en una cueva. Una roca se deslizó por la montaña y bloqueó la salida de la cueva.

Uno de ellos dijo: “La única forma de liberarnos es suplicar a Allāh, en nombre de algún acto virtuoso”. Entonces, uno de ellos suplicó: “¡Oh Señor!, mis padres eran muy viejos, solía ofrecerles leche para beber cada noche, antes que a mis hijos y otros miembros de mi familia. Un día me perdí lejos, en busca de árboles verdes, y pude regresar solo después de que mis padres se fueran a dormir. Cuando ordeñé a los animales y les ofrecí la bebida, (mis padres) estaban profundamente dormidos, y no me gusta molestarlos, ni daría sus bebidas a mis hijos y otros miembros de mi familia hasta que mis padres tuvieran la suya. Por lo que, con el vaso en la mano, esperaba su despertar hasta el ras de la madrugada, mientras que los niños lloraban de hambre a mis pies. Cuando se despertaron, tenían su bebida. Oh Señor, si hice esto solo buscando Tu Favor, entonces libéranos de esta angustia causada en nosotros por esta roca”.

Acto seguido, la roca se movió un poco, pero no lo suficiente para dejarlos pasar.

A continuación, el segundo hombre suplicó: “Señor, yo tenía una prima a la que amaba con más pasión que cualquier otra mujer. Traté de seducirla, pero ella no quiso saber nada de mí, hasta que en una época de grandes dificultades debido a la hambruna, ella se acercó a mí (para pedir ayuda), y le di ciento veinte dinares con la condición de tener relaciones sexuales conmigo. Ella estuvo de acuerdo, y cuando estuvimos juntos y yo estaba a punto de tener relaciones con ella, dijo: “¡Teme a Allāh, y no rompas el sello de forma ilegal!”; por lo que me alejé de ella, a pesar de que la deseaba apasionadamente, y le dejé llevarse el dinero que le había dado. Oh Señor, si lo hice para buscar solo Tu Favor, entonces desplaza la angustia en la que nos encontramos”.

Una vez más, la roca se movió un poco, pero no lo suficiente para dejarlos pasar.

Entonces, el tercero suplicó: “Señor, yo contraté a algunos trabajadores, y pagué mis deudas, pero a uno de ellos lo fui dejando atrás en los pagos. Yo invertí en el negocio, y este prosperó enormemente. Después de un tiempo, el trabajador volvió y dijo: “¡Oh siervo de Allāh, entrégame mi salario!”. Yo le dije: “todo lo que ves es tuyo: camellos, vacas, cabras y esclavos”. Él dijo: “no bromees conmigo, oh siervo de Allāh”. Le aseguré: “no estoy bromeando”. Así que tomó todo ello, sin escatimar nada. ¡Oh Señor, si yo hice eso buscando Tu Favor, exímenos de nuestra angustia!”.

La roca se movió, y los tres salieron, sanos y salvos».

Fuente: Sahīh al-Bukhārī, Sahīh Muslim
Traducido por: Nūr ud-Dīn al-Isbānī

Lea también...

El descubrimiento islámico de América (1/3)