Sulaymān ibn Yāsir narró:

Un hombre de la tribu Banū Tamīm que se llamaba Sabīġ ibn Āsal llegó a la ciudad de Medina, y tenía unos libros consigo. Entonces comenzó a hacer preguntas a la gente sobre las aleyas ambiguas del Corán. ʿUmar ibn al-Ḫattāb fue informado de la presencia de este hombre y de sus preguntas, así que pidió que se lo trajeran. Mientras le traían aquel hombre, ʿUmar preparó ramas de palmera seca juntadas y cuando aquel hombre llegó, ʿUmar le preguntó:

 «¿Quién eres?»

El hombre respondió: «Soy el siervo de Allāh Sabīġ».

ʿUmar respondió: «Y yo soy el siervo de Allāh ʿUmar».

En ese momento ʿUmar se lanzó sobre él y empezó a golpearle con aquellas ramas. Le golpeó hasta el punto en el que se le abrió la cabeza y la sangre corría por su rostro, entonces el hombre exclamó:

 «¡Oh príncipe de los creyentes! Esto ya es suficiente, ya he sido curado de lo que tenía en la cabeza».

En ese momento el turbante que llevaba aquel hombre cayó, con ello quedó descubierta su cabeza y ʿUmar vio que tenía cabello, entonces ʿUmar dijo:

«Si hubiera encontrado que tu cabeza estuviera afeitada, te hubiera golpeado ahí donde se encuentran tus dos ojos».[1]

Šayḫul-Islām Ibn Taymiyyah comenta esto último diciendo:

«Es decir, si tuviera la cabeza afeitada hubiera sabido mediante ello que era de los Ḫawāriğ [ya que era propio de ellos raparse la cabeza], así que lo hubiera matado, siguiendo la orden del Mensajero de Allāh ﷺ de aniquilar a los Ḫawāriğ».[2]


Notas:

[1] Al-Isāba fī Tamyīz as-Sahāba, 3/458
[2] Al-Istiqāma, 1/258

Traducido por: Ibrāhīm Bou